HOLA DE NUEVO



Buen día, olvidado blog.
Ha pasado tiempo, sí, mucho tiempo desde que publique mis ocurrencias en tu pantalla vacía. "Arrancada de caballo y parada de burro"reza el refran que me define. 
¿Que qué hice todos estos estos meses? ¿ Que qué me ha sucedido durante este tiempo? No cunda el pánico: sólo escribiré acerca de mi actividad profesional...
A ver...que recuerde...
Al termino de mi ultima función de teatro, una encantadora comedia titulada "Mi mapa de Madrid", guardé en el armario el neceser con los maquillajes de escena y ,con la absoluta convicción de que no volvería a necesitarlos, me despedí definitivamente de tales bártulos.
 Nadie...¡¡¡nadie!!!  requeriría nunca más mis gestos,mis matices, mi garboso andar  (me asaltó insistente la certeza de otras veces) 
Y también, como otras veces, me equivoqué.
Lo importante no es llegar, sino mantenerse, me enseñaron en la escuela de teatro en mis años mozos.
 Y tras algunos meses de paro( a los que estamos acostumbrados desde siempre los actores), me llamaron del CDN para un extraño texto que se iba a montar en la sala "Princesa" del María Guerrero. La función tenía como particularidad ( y por explicita exigencia del autor) ser representada en la más absoluta oscuridad. Inútiles pues las muchas horas de estudio empleadas en memorizar el dialogo más absurdo de cuantos han caído en mis manos, puesto que, a la hora dela verdad, mi compañero de escena Manolo de Blas y yo, permaneceríamos encerrados en un pequeño recinto oscuro que iluminaban en los tres últimos segundos unos cegadores y ardientes focos con un nombre rarísimo. Ese y no otro, era el momento en el que salíamos, cogiditos de la mano y deslumbrados, para saludar a un público, entusiasta a veces y otras desconcertado como nosotros.Las profundas voces de Manolo y mía arropadas, eso sí, por imágenes y efectos varios,(fruto de la excelente imaginación del director) habrían de dejar constancia de que, tras la pared del rectangular cubículo negro en mitad del escenario, latían dos corazones humanos y sufrientes. El resultado fue un interesante espectáculo que gustó mucho a todo el mundo, exceptuando a quien escribe estas líneas.
Pasada esta experiencia( todavía no sé si real o soñada) volví al ritual del neceser, de la sensación del olvido inmediato y del reconfortante error, puesto que no tardé en incorporarme a un nuevo proyecto del  CDN, encarnando esta vez a una odiosa vecina  (ultracatólica ella,cotilla y derechona) en una función de Lauro Olmo, fracasada en su estreno a principios de los años sesenta y que en esta ocasión fue un rotundo éxito. Me refiero a "La pechuga de la sardina".Titulo que reestrenamos en la sala Francisco Nieva de la Valle Inclán hace poco más de un año. 
Por fortuna no hubo momento "depre" al final de "La pechuga" porque, ¡oh, prodigio! ya  tenía apalabrada la siguiente: "Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano", con la que todavía continúo, y con gran éxito, por todo el país.
Y esto es lo que hay, de momento, retomado blog.
¿Que cómo me siento? Pues muy rara...en más de cuarenta años de profesión (¡cómo pasa el tiempo!) nunca se me había dado el caso, en teatro, de enlazar una función con otra.
Cruzaremos los dedos,porque está al caer... algo referente a Alejandro Magno...no digo más, que luego se gafa.
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